martes, 25 de septiembre de 2012

EN TIERRA EXTRAÑA




Salir de vacaciones es una maravilla, viajar a otros lugares para conocer otras tierras es enriquecedor y muy recomendable. Ser turista es emocionante. Generalmente la gente es un poco condescendiente contigo y trata de que te lleves una buena impresión de su tierra y eso hace tu visita más placentera. 

Puedes ser turista en tu mismo país, no tienes que irte al extranjero para experimentar esto… bueno depende… si vives en Belice, donde recorres tu país en 3 horas en autobús... pues ahí no habrá mucho cambio, pero en México, donde atravesarlo de punta a punta conlleva un vuelo de 4 horas, ahí si sientes un cambio muy notable. 

Ahora, para fines de esta publicación, definamos que una cosa es ser turista y otra cosa es ser extranjero. Un turista, es aquel que va de viaje de placer, que lleva su dinero y lo gasta en el país anfitrión. Un extranjero es el que vive en un país ajeno. Y esta diferencia lo cambia todo.

Una cosa es "Bienvenido, conoce nuestra tierra" y otra cosa es "Bienvenido, habita en nuestra tierra". Es como el asunto de las visitas en casa, te alegra que lleguen, pero si tardan mucho en irse, ya empieza a ser incómoda la cosa. 

Como mexicano en tierra española no me puedo quejar; la gente fue amable a su manera y me abrieron las puertas y me dieron su amistad. Las personas extranjeras en España también me trataron muy bien, se podía sentir la confraternidad de compartir el hecho de no ser de allí. Por otro lado, el mexicano es bien visto en el mundo, eso suaviza las cosas. 

Tengo un par de quejas sobre el recibimiento, pero en general, la gente me trató muy bien. En París, pese a su fama y a las malas reseñas españolas, me trataron sorprendentemente bien. Intentaban entenderme entre francés, inglés y español. La gente española coincidía en que era por ser mexicano y por cierto, por ser turista. 

Sin embargo, a pesar de todo eso, el ser extranjero tiene su grado de dificultad. Conlleva cierto estrés. No sabes los usos y costumbres del lugar y la curva de aprendizaje puede ser penosa. Desconoces cómo moverte, a que lugares poder ir y a cuales no. 

No sabes la confianza que te da estar en tu país hasta que vives en otro. Viví en Madrid 2 años, y en ese tiempo, casi un año estuve como "ilegal" porque nunca recibí el aviso de autorización de mi visa de estudiante. Pero no tuve problemas con la policía, al final pude obtener la visa, sin embargo, todo el tiempo que no la tuve, me otorgó un estrés ligero pero constante. Cuando tuve la visa me sentí aliviado y esa preocupación se fue;  pero cuando pisé mi país, descubrí que durante los dos años en Madrid tenía otra capa de ligero estrés sobre mi que no me había dado cuenta. 

A los 5 minutos de estar en México un policía prepotente me hizo preguntarme a mi mismo por qué extrañaba mi tierra… pero el hecho de saber cómo funcionan las cosas me daba seguridad. 

Caminando en el metro madrileño, llegué a encontrarme unas cinco veces a policías encubiertos que detenían a extranjeros indocumentados, como yo no contaba con mi visa en esos momentos, sudaba frío. Procuraba pasar junto a ellos y muy seguro de mi mismo para que no sospecharan de mi; y así fue, nunca me pidieron mis papeles. Si me los hubieran pedido, pasaría una de dos cosas: 

1.- Pago una multa de 500€ y podría seguir en Madrid. Al siguiente día me podrían detener otra vez si tengo mala suerte y multarme de nuevo, y así sucesivamente hasta que regularice mi estancia. 

2.- Me deportarían a México. Dirán "pues así te ahorras el gasto del vuelo"… tal vez… pero no podría tomar nada de mis cosas, así como me agarraban, así me enviaban de vuelta, sin nada de maletas. Al menos eso es lo que me contaba la gente de allí. 

El mejor de los casos era la multa, y es entendible, ya que el gobierno español prefiere que le pagues, a apagar tu vuelo; tiene sentido. 

SENTIRSE EN CASA

En Madrid hay muchos extranjeros, pero muchos. Muchos de ellos (los jóvenes generalmente) se sienten como en casa. Mientras más infancia hayas tenido en Madrid, más madrileño te sientes. Al principio no entendía eso. No entendía cómo se podían sentir más español que peruano, o boliviano, o ecuatoriano; me preguntaba si era cuestión de tiempo. 

Por otro lado, vivía con un matrimonio de unos 60 años de edad; ellos son mexicanos, y llevan 20 años viviendo en España. Están muy contentos con vivir allí y no quieren volver a México, sin embargo, su corazón está aquí en su tierra. 

Contrasto estas dos situaciones y encuentro que el factor no es el tiempo en un país, sino tu formación. No importa tanto el  tiempo que vivas en un sitio, sino que tanto te formaste como persona en él. 

Mis amigos jóvenes pasaron gran parte de su infancia y adolescencia en Madrid, por lo tanto, su formación es madrileña, su historia es madrileña, sus recuerdos son madrileños, y aunque genéticamente no sean de allí, difícilmente comprenderían su vida fuera de España.  

También están los "payasos" que llegaron ya grandecitos a la capital española y apenas con 3 años de vivir allí ya se creen más españoles que el Rey Juan Carlos y hablan con acento español no adquirido naturalmente, sino mal imitado… pero ese es otro asunto. Respecto a la decepción de mis amigos y familiares al escucharme sin acento español cuando recién llegué a Mérida, les digo: El acento y el vocabulario se te puede llegar a pegar, pero ese asunto de las "Z" y las "C" no se te pega al menos que quieras; así que esos no-españoles del principio de párrafo que te escribí, son unos payasos (incluyendo Hugo Sanches, Luis García, Paulina Rubio, y Zague con su acento portugués). 

Llegó el momento en que me sentí muy cómodo estando en Madrid, casi me gustaba más que Mérida (casi), pero nunca me llegué a sentir ni remotamente más local que extranjero, y el asunto es que mi historia es mexicana. Y funciona revés, me siento más yucateco (gentilicio de Yucatán, México) que regio (gentilicio de Monterrey) porque aunque nací allí, toda mi historia la forjé en Mérida, Yucatán; no comparto nada con las personas del lugar donde nací. 

Con la crisis económica española, muchos latinoamericanos regresan a sus países, España ya no es un lugar para hacer futuro. Te hablo de personas que llevan diez o más años en la península ibérica; me pregunto cómo será el recibimiento de su gente y cómo se sentirán ellos. Ponte a pensar, regresas a donde se supone que es tu casa, tu origen, pero no te resulta familiar, al menos no tanto como el país extranjero donde te has formado. 

Es como los mexicanos de segunda o tercera generación en Estados Unidos, que son más racistas contra nosotros que los mismos gringos sureños, que por cierto sus antepasados todavía eran mexicanos hasta que perdimos esos estados. 

Es como tarzán que se crió con gorilas, al menos en la versión de disney, no se puede ir con la gente, su sitio está donde está su historia, en la selva. O superman que se crió en la tierra. 

Por el contrario, cuando estaba en Madrid y era fecha de alguna fiesta patria mexicana, hasta la canción "México lindo y querido" me conmovía; pero te apuesto que si me hubieras preguntado si me quería regresar a Mérida en ese momento, te hubiera dicho que no. 

No hay una conclusión a la cual llegar, pero me parece interesante. 

martes, 11 de septiembre de 2012

CON LA MUERTE FRENTE A MI




La preparatoria (bachillerato) fue una de las etapas más bonitas de mi vida. Fue realmente buena, me dio mucha tristeza que terminara y que cada uno de mis amigos tomara sus caminos. Caray ... Esta vida y sus cambios... Bueno, al punto. Ésta historia que te contaré ocurrió casi al final de la preparatoria, tiene como protagonistas a mis 6 amigos más cercanos y al papá de uno de uno de ellos. Ocurrió en uno de los atractivos turísticos de Yucatán, los cenotes de Cuzamá. 

Comencemos poniendo el escenario. En Yucatán el suelo es cavernoso. Es como un gran queso gruyer de roca sólida. Digamos que vivimos sobre cuevas y ríos subterráneos. 

Éstas cuevas a veces están llenas de agua y les llamamos cenotes. Son una especie de piscinas naturales. Aquí te muestro una foto. 

Cuzamá es un complejo de cenotes donde la mayor atracción es que puedes nadar en 3 o 4 de ellos pero siendo transportado a cada punto por una carreta sobre unas rieles tirada por un caballo. Para la gente de ciudad, es una experiencia del pasado muy recomendable. 

Ésta foto es actualizada, cuando nosotros fuimos, la carreta solo era una superficie de madera y ya; sin techo, ni asientos. 

 Allí íbamos mis amigos y yo emocionados por tener nuestra primera excursión juntos. El primer cenote es el más cómodo para acceder a él y nadar, los otros 3 son más del tipo “aventura”. De cualquier forma, todos tienen su riesgo por la profundidad, el primero en particular era tan profundo que no podíamos ver el fondo.  

Luego a alguien se le ocurrió una idea. Ya sabes como somos los adolescentes varones, uno reta a hacer algo y te enciende un fuego interno. El plan que dos de mis amigos tuvieron era ir hasta el final del cenote, porque allí al fondo había una piedra muy grande donde podíamos pisar, descansar y regresar, y así ... Pues... Pues así nada; no sé qué ganábamos con eso, ya dije, éramos adolescentes. 



Por su puesto, los dos amigos de la idea y motivación sabían andar muy bien. Rigel (el de la historia del coatí. Lee la historia aquí) había tomado clases de natación toda la vida. Él era mi mejor amigo, así que me insistía a participar, después de todo, yo había tomado unas cortas clases de natación también en los clubes (tipo scout) de nuestra iglesia Adventista del Séptimo Día, así que podría lograrlo. 

Yo hacía cálculos mentales de mi habilidad y mi grado de energía y no estaba muy seguro de poder lograrlo. Les dije que yo no iba y ellos dos emprendieron el recorrido mientras el resto de nosotros solo veíamos en la orilla. A los 20 segundos aquel fuego interno del que te conté ardió con más fuerza y me impulsó a no quedarme atrás; así que ahí va el menso de David tras ellos. 

La verdad ni tan menso, porque mis cálculos eran que sí podía llegar y hubiera sido si no fuera por un pequeño detalle... ¡La roca ya no estaba!

Metros antes de que alcanzara a mis amigos a la zona donde buscaban la piedra me percaté de que no la encontraban, además habían unas cosas negras raras en el agua, como moho que los habían hecho pararse de golpe. Ahí dije: “Oh, oh”. Si no la encontraban, significaba que tendríamos que regresar sin descansar y yo sólo tenía energías de ida, no de ida y vuelta. 

-¡¿No está la piedra?! - Pregunté asustado.
-¡No! - me respondió Rigel con preocupación tal vez intuyendo mi situación.

Rápidamente me dirigí hacia la pared izquierda de cenote que estaba a unos 8 metros de mí, les grité: “¡Ya no puedo”! En su impotencia Rigel me empujó con su mano hacia la pared donde me dirigía en un afán de hacer que llegara más rápido. Pero poco importaba la rapidez con la que llegara allá, la piedra estaba lisa porque el agua la había pulido durante los cientos o miles de años y le había dejado una capa de verdín. 

Cuando llegué a la pared entonces sí me asusté. Como expliqué, no había de dónde sujetarme, la pared no solo era lisa y resbalosa, además estaba en declive hacia adentro (como ves en la foto). Me hundí muchas veces, tantas que hasta pude ver que bajo del nivel del agua estaba tallada en la piedra el nombre de una pareja enmarcados con un corazón. Detalle importante para saber qué había pasado con la roca que no encontramos. 

En ese momento, el papá de Rigel que nos acompañaba se lazó para ayudarme, pero estábamos a unos 20 o 30 metros de distancia, así que se iba a tardar en llegar.

Pensé que moriría allí. Un pensamiento que me cruzó fue: “mi mamá me va a decir: te lo dije”. Sí... Al parecer eso fue lo que me preocupaba en ese momento. 

En serio pensé que iba a morir. Para entonces, ya estaba intentado sujetarme arañando las paredes, la desesperación iba en serio. En una de las tantas veces que me hundí, no sé cómo pude ver bajo el agua una pequeña hendidura en la piedra. De inmediato puse las manos en ella y era como cuando a una caja grande le hacen unos cortes para que puedas meter las manos y cargarla. Evidentemente están hechos para levantar, no para sujetarse, y estaba a unos 40 cm de bajo del nivel del agua; pero la adrenalina hace maravillas, ojalá y la pudiéramos controlar a voluntad. Lo grandioso es que esa hendidura me daba por lo menos un punto de fijación a la pared, eso ya era ganancia. Como no podía empujarme hacia arriba con eso, usé mis piernas como “tensores”, y con mis brazos sujetos a la hendidura y mis pies haciendo tensión también, pude sujetarme tipo spiderman a la pared, sin más apoyo más que la tensión que ejercían mis piernas hacia el lado contrario a la pared y la tensión de mis brazos hacia la pared.

Ya estable, pero en shock por haber visto esa bendita hendidura, llegaron Rigel y su papá a ayudarme. Pero ya estaba a salvo. Les dije que ya aquí podía descansar y recuperar fuerzas para volver por mí mismo. 

Rápidamente el gusto por estar vivo se transformó en vergüenza ante el grupo y el papá de Rigel por haber casi muerto. Pero mis amigos eran buenos conmigo, no se burlaron de mi... Bueno no mucho... Bueno, menos de lo que hubiera merecido. 

Lo que había pasado con la roca que no estaba, se debía a que el nivel del agua del cenote sube y baja dependiendo la temporada de lluvia o sequía; así que estábamos en una temporada donde el nivel del agua era alto y sobrepasaba por mucho la roca.

Un año después dediqué todo un verano a aprender a nadar bien, Mariel (la hermana de Rigel) fue mi maestra; y hoy por hoy me considero un buen nadador. Nunca le conté a mi mamá lo sucedido, así que esto queda entre nosotros.

martes, 28 de agosto de 2012

4 RAZONES PARA CREER EN EL FUTURO




Comenzaré diciéndote lo que pensarás de mí al llegar al segundo o tercer párrafo de esta publicación: "Davo se escucha como viejito criticando a la siguiente generación".

Pero en realidad estoy muy conforme con la generación de chicos entre los 8 y 18 años de edad, es decir, la generación del año 2000. Me parece una generación a la que le puedo sacar mucho provecho. Hay chicos que se salvan de esta lista de cualidades que te presento a continuación, pero son los menos. Así que aquí están mis razones:

RAZÓN 1 - SE LES REGALAN LAS COSAS

En México, se acaba de aprobar un plan de estudios donde los niños que cursan del primer al tercer año de primaria pasarán de grado automáticamente. Y la otra mitad de la primaria, podrá pasar al siguiente curso aún debiendo 3 o 4 materias. 

En Estados Unidos, se suele premiar a todos los niños que participan en una competencia. Esto último,  como la nueva educación mexicana, tiene un argumento regidor: "Proteger el autoestima de los niños". 

Me encanta esta visión. Los niños de mi país y el país vecino tendrán la cultura temprana del "para que me esfuerzo, aún así gano el premio". Por tanto no tendrán disciplina ni sentido del esfuerzo, ¡Ha! pero eso sí, "tendrán una autoestima muy alta." 

Felicidades gente de mi generación, en 15 o 20 años, los jóvenes no nos quitarán los empleos. 

Solo recuerden algo niños, si todos son especiales, significa que ninguno es especial. 


RAZÓN 2 - POPULARIDAD INVERTIDA

Cuando era niño, era popular el niño que jugara mejor al fútbol, el que corriera más rápido, el que saltara más alto; ¡Vamos! el que sea el mejor haciendo algo… yo no fui muy popular de niño; me salvaba un poco que sabía dibujar y que por lo menos le echaba ganas al fútbol. 

Cuando era adolescente, era popular el que jugara mejor fútbol también, al final la adolescencia es una niñez con esteroides. También era popular el chistoso y el que había probado ya muchas cosas, desde tabaco y alcohol pasando por chicas. 

Los niños y adolescentes de México (por lo menos) son populares por ser idiotas. Mientras más idioteces hagas y digas eres más popular. Así que la aspiración es ser estúpido para ser popular; o si eres niño, te hace popular el tener dinero y que tus papás te regalen un psp vita.  

Así que esto es bueno, mientras más gente tratando ser popular desde el lado de la idiotez y la manutención; hay más espacio para sobresalir siendo hábil y autosuficiente. Me gusta la generación del 2000. 

RAZÓN 3 - GRATIFICACIÓN INSTANTANEA

No sé como pudimos vivir sin internet. Eso de tener que ir a la biblioteca pública, sacar fotocopias o copiar a mano para transcribir en una máquina de escribir que golpeaba el papel y le taladraba los odios de tus pobres padres conllevaba mucho esfuerzo. El perder tiempo buscando en una enciclopedia y yendo a la papelería a comprar planillas era lento y aburrido. Podrías comprar libros extras para poder sacar más información de la que cualquier otro estudiante podría acceder, pero eso era caro. Si lo piensas, la información era muy difícil de obtener y muy poco actualizada. 

Pero Dios bendiga al internet que nos da todo en segundos, que podemos hacer trabajos profesionales hasta en el bachillerato. El internet también nos da la información fresca y en diversos medios y formatos. 

Pero que bueno que mi generación alcanzó a tener una niñez sin internet, así podemos apreciar más las cosas buenas y cómodas de hoy y poder saber que hay cosas que no vienen instantáneamente, que implican un esfuerzo más allá del copiar y pegar. 

También Dios bendiga el copiar y pegar. 

Si los niños y adolescentes siguen con la cultura general que teníamos nosotros a su edad, ¡Pues felicidades nueva generación! No le han sacado ventaja a nada. 

No todo sucede al instante que lo queremos, solo es cosa de empezar a trabajar para darse cuenta de eso. 


RAZÓN 4 - AUTOESTIMA MARIQUITA

¿Bullying? ¿En serio? ¿Autoestima baja? ¿Pues de que otra cosa se trata la niñez? 

Es verdad que la escuela es como la jungla, donde hay depredadores y presas, es un lugar donde aprendes a sobrevivir. Pero que levante la mano el que me esté leyendo y no haya sido molestado en la escuela por algo. Puede ser que tu hayas sido el chico que molestaba a los más pequeños y te estés riendo con un poco de vergüenza; puede ser que tu seas el golpeado y no te rías tanto, pero también lo recuerdes con un extraño gusto y nostalgia. 

Yo mismo molestaba a una niña en la primaria porque era morenita (sí, una especie de racismo infantil) y luego terminó gustándome en la secundaria. Eso es karma. La cosa no prosperó, pero somos buenos amigos ahora, hasta le hice las invitaciones para su boda.

Yo mismo perdí 4 de las 5 peleas que tuve de niño y que no necesariamente inicié. Yo mismo era molestado por mis primos mayores. Yo mismo pasé por situaciones de vergüenza pública en mi salón de clases que me generaron muchísimo estrés, ¿Y me quejo? ¡NO! ¿Me gustaba? Tampoco; pero eso te forja, como una espada que tiene que ser calentada y golpeada para quedar con la forma adecuada. 

¿Bullyin? Niños del mundo, no sean mariquitas (no en el sentido de preferencia sexual, sino en ser delicados y cobardes). Una de dos: O se aguantan, o hacen algo al respecto (y mamá no es opción). 

Al hacer algo se le llama autosuficiencia, y al menos que quieras tener a tu hijo viviendo hasta los 40 años en tu casa, te recomiendo que le enseñes a tus pequeños a ser autosuficientes. 

¿Qué es ese algo que puedes hacer contra los otros niños que te molestan? No sé niño, peléate en el patio (son niños, no se van a matar o a apuñalar; solo tendrán moretones). Reúnete con tus amiguitos para hacer equipo y ayudarse mutuamente (no a pelear, sino solo a protegerse, como los cardúmenes de peces pequeños. Como una manada de bueyes colaboran contra los leones). 

La violencia no es la opción, pero de las peleas que tuve en la primaria y secundaria, terminé siendo amigo de mis adversarios. Porque así somos cuando niños, nos molestamos a muerte, pero a las horas ya estamos abrazados. Y lo más importante, nunca le conté a mis padres sobre mis peleas, porque precisamente, eran mis peleas, no las de ellos. 

De lo contrario, seguiremos teniendo lo que tenemos hoy en día, muchos niños respondones, sin sentido de la autoridad, y con la única seguridad de que siendo el hijo faldero de mamá, todo irá bien. 

Pensándolo mejor… padres del mundo occidental, no me hagan caso y hagan de sus hijos e hijas "nenitas"; seguro que eso sí les dará mucho autoestima para ser personas completas (guiño).

CONCLUSIÓN

El futuro pinta muy bien, al menos para mi.

martes, 14 de agosto de 2012

CENA, RESCATE Y DETECTIVES




Tengo un grupo de amigos que son descendientes coreanos como yo. Son grandes amigos, de los mejores que tengo. En el año 2009 estaba en un punto de plenitud fraternal con ellos donde nadie estaba con novio o novia, o al menos no en la ciudad; así que teníamos tiempo y disposición de salir muy seguido. 

En una de esas salidas, nos encontrábamos de noche tomando un helado en un restaurante frente a una rotonda (donde era fiore bistro en Mérida, México). Estábamos al aire libre y pudimos presenciar como una motocicleta que estaba saliendo de la rotonda, fue arrollada por un automóvil. 

Ya sabes como es esto de los accidentes, no es lo mismo verlo en televisión que presenciarlo en vivo y frente a ti; el impacto visual es paralizante.  

En la moto iban dos personas, un chico conducía y una chica iba atrás. El automóvil era un Stratus de Dodge, el cual impactó en la rueda trasera de la moto, justo donde estaba la chica. Te podrás imaginar cómo las personas volaron un par de metros mientras la moto derrapaba. 

En esos momentos tratas de asimilar lo que estás viendo. 

Cuando el conductor del stratus se dio cuenta de lo que había hecho, aceleró y se fugó. Una amiga (Aglaé) logro gritarle algo… no me acuerdo exactamente qué, algo así como: "No te vayas idiota". La idea era esa según recuerdo. 

Ahora sí reaccionamos; algunas personas y nosotros corrimos para auxiliar a los accidentados mientras otros llamaban a emergencias.

Lo primero que debes hacer en casos de personas accidentadas es proteger su perímetro, tan solo haciendo eso ya estás ayudando. Así que nos dividimos. Después de cerciorarnos de que todos estábamos consientes de que nadie debe mover a los heridos (Segunda regla), me fui a hacer señales de luz para que los automóviles pasen a un lado con cuidado. 

El chico de la moto logró levantarse, la chica no. Él se quejaba del brazo, tal vez lo tenía fisurado porque le dolía mucho. La chica estaba consiente, pero se quejaba mucho la espalda y no podía levantarse, muy mala señal. 

Dos policías llegaron en sus motocicletas y les reportamos lo que pasó. Uno saló a buscar al stratus… eso fue tonto, el accidente había sido unos 8 minutos antes y solo le dijimos la marca, el color del coche y la dirección en la que fue; no creo que fuera a encontrarlo a la vuelta de la esquina.

Después de que una señora extranjera loca quisiera mover a la chica que seguía sin levantarse y luego que todos se lo impedimos y se fue molesta; llegó la ambulancia y una patrulla, entonces sí se llevaron a los accidentados.

La intensidad del momento pasó y solo quedamos la gente del restaurante y los policías. Insuni, otra amiga que seguro has visto que casi siempre comenta aquí en el blog, señaló que vio que algo se le cayó al stratus cuando escapaba. Allí recordé que también había visto eso y entonces me di cuenta que podíamos ser de mayor ayuda para este caso.

En ese año, mis papás tenían un stratus también y siempre me había hecho ruido visual la manera en la que el diseñador había resuelto poner la placa vehicular. Sucede que el diseñador del automóvil nunca consideró dejar un espacio para la placa delantera, así que Dodge había improvisado una base que apenas se sujetaba al vehículo con un par de correas plásticas. Recordé este detalle y Bernardo (otro de mis amigos) y yo fuimos a la zona donde se había caído el objeto. 

Llegamos y empezamos a buscar qué era lo que se había caído. A lo lejos vi una especie de caja de plástico negro sobre el asfalto negro y era de noche, así que el haberlo visto tuvo su grado de dificultad. Reconocí de inmediato el objeto, era la base improvisada de la placa del stratus; corrí con la emoción de haber encontrado el santo grial. Llegué a ella, la tomé en mis manos, le di vuelta y efectivamente, ¡Era la base con la placa del stratus fugitivo!

Me quedé impactado de la suerte que teníamos y la mala suerte del malhechor. Bernardo llegó para ver qué es lo que había hallado y le dije: "Es la placa". Corrimos hacia donde estaban los policías. No estábamos muy lejos la patrulla, pero disfruté cada metro recorrido. Me sentí como maratonista que está apunto de ganar la medalla de oro, como un novio que vuelve de la guerra y está a escasos 10 metros de abrazar a su novia que también viene corriendo hacia él después de meses de incertidumbre al pensar que no se volverían a ver. 

Mientras corría pensaba en lo que me diría el policía al entregarle la placa: 

Opción 1: "Gracias joven, su hazaña llegará a oídos de los altos mandos y a la prensa"

Opción 2: "Pero… ¿Sabes lo que esto significa? ¡Ahora podremos atrapar a los delincuentes!" 

Luego usaría su radio y diría: "Atención todas la unidades, un joven perspicaz acaba de darnos la pista para atrapar a los fugitivos." 

"Chico, te mantendremos informado de la situación, muchas gracias."

Opción 3: Me miraría a los ojos y con voz entre cortada por la emoción, se quitaría el sombrero y me diría: "Vaya… en mis años como policía, nunca había visto tanta colaboración ciudadana; muchacho, tu contribución me inspira y conmueve."

Opción 4: "Wow joven, no sé si sepas que hay una recompensa por todo aquel que ayude a resolver un caso, y usted ha sido acreedor a esa recompensa, ¿A nombre de quien haremos el cheque?"

Pero lo que pasó en realidad fue lo siguiente: 

El policía tomó la placa, se dio la vuelta y le dictó el número a alguien por radio… Fin. 




¡Ok! ¡Yo esperaba por lo menos un "gracias"! ¡Tampoco era tan improbable que sucediera! ¡¿Era mucho pedir?!

Aunque fue frustrante que no pasara nada con el policía, me quedó una gran satisfacción de haber encontrado la placa. El crédito lo comparto con Insuni que me dijo de esa opción, sin esa indicación yo no hubiera ido a buscarla y tal vez la placa hubiese pasado desapercibida. 

Mientras regresábamos todos al restaurante a pagar la cuenta, sentí a mis amigos y a mi como si estuviéramos dentro de película de acción donde caminamos hacia la cámara como héroes y atrás de nosotros hay una explosión que le da dramatismo al momento. Es que en verdad hicimos algo muy bueno esa noche. 

Llegando a nuestra mesa me di cuenta que había dejado mi billetera justo sobre mi silla y que nadie se había quedado a cuidar nuestras pertenencias; así que: "karma instantáneo". Aunque pensándolo bien, si no hubiera ocurrido ese accidente, tampoco nos habríamos levantado de la mesa y dejado nuestras cosas allí; así que, karma, me sigues debiendo una. 

Después de esa noche no supe más del asunto. No sé si la chica del accidente pudo recuperarse sin complicaciones, si atraparon a los fugitivos… nada. Me hubiera gustado saber.

Volviendo a nuestra secuencia de acción, pagamos la cuenta de los helados y estuvimos un rato sentados asimilando la situación; luego nos fuimos. Sin duda esa noche fue inolvidable y yo regresé a casa con una sonrisa por un trabajo bien hecho.